La perversión de Mindfulness en la educación

Mindfulness está de moda. Y está llegando a todos los ámbitos, incluido el de la educación.

Se conocen sus beneficios, y se vende por sus efectos.

Mindfulness mejora la atención de los niños. Mindfulness mejora la concentración. Aumenta el rendimiento, disminuye el bullying, mejor las relaciones sociales. Ayuda a gestionar las emociones… Y aún se podrían incluir unos cuantos beneficios más.

Pero para mi, Mindfulness NO es un recurso pedagógico ni didácticoEs una actitud de vida. Es una manera de comprender el mundo, y de estar en él. Otra cosa es que su práctica traiga como consecuencia grandes beneficios (están descritos más de 100).

Yo siento que las personas que se acercan a la práctica de la meditación lo hacen, o bien por sentir un deseo de crecimiento personal, o bien porque se encuentran en una crisis, del tipo que sea, y buscan en Mindfulness un camino, una alternativa.

Pero… ¿qué ocurre cuando se oferta un curso de Mindfulness para el profesorado?

Por un lado, tenemos que vender el curso. Así que decimos: Mindfulness mejora el rendimiento de los alumnos, por ejemplo.

¿Qué puede ocurrir?

Pues que se apuntan profesores precisamente para eso: “para que sus alumnos mejoren su rendimiento”. Y llega el ponente y les pide que mediten. Les dice que si ellos no practican, no podrán transmitírselo a sus alumnos. Les dice que no se trata tanto de la actividad en si, como de la actitud que tengan ellos como docentes.

¿Qué puede responder el profesor?

-Es que yo no quiero meditar. Yo no tengo ningún tipo de estrés en este momento y si lo tengo busco otras vías- por ejemplo. -Yo lo que quiero es que mis alumnos atiendan más y que saquen mejores notas-.

Bien, en ese caso, desde mi humilde opinión, el centro ha de dar sesiones de Mindfulness al alumnado.

Algo muy diferente sería que se “vendiera” el curso de Mindfulness al profesorado, como un curso que les ayudaría a gestionar el estrés. De ese modo, se apuntaría el que deseara gestionar su estrés y el que estuviera interesado a título personal.

Y es que Mindfulness es ante todo una práctica personal. Que efectivamente luego repercute en todos los ámbitos de nuestra vida. Pero que exige un compromiso personal y una actitud determinada.

Y para mi, en muchas ocasiones se está haciendo una venta perversa de esta práctica.

Por ejemplo, en una búsqueda rápida hecha en la red, me encuentro:

  • Mindfulness para docentes 25 horas (Es inicial, ya que en los contenidos se habla de lo que es Mindfulness y de sus origen). Objetivos: Que el alumnado practique Mindfulness.
  • Mindfulness para el bienestar del profesorado. Su practica continuada genera mejores resultados académicos y mejora de la convivencia dentro y fuera del aula.

No sé. Yo no me siento cómoda con este tipo de titulares. Además, no son ciertos. Es imposible garantizar que si yo practico Mindfulness, mis alumnos van a sacar mejores notas. Es absurdo.

Estoy de acuerdo con la práctica de Mindfulness desde el laicismo. Y también me parece muy adecuado adaptar aspectos de la práctica oriental a occidente, o estudiar sus efectos desde el punto de vista neurológico.

De acuerdo también con que no todos tienen que buscar en la practica de Mindfulness un desarrollo espiritual determinado, al que sin duda se accede con la practica continuada.

Pero por favor, un poco de rigor y un poco de respeto no solo con la práctica, sino también con sus practicantes.

 

 

 

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4 Comentarios

  1. Alicia el 9 mayo, 2018 a las 22:30

    Cuanta razón tienes Patrícia , si no lo prácticas y sientes los beneficios que aporta, es imposible que llegues a los alumnos. Hay que creer en ello para poder transmitirlo desde el corazon.

  2. Celia el 3 noviembre, 2018 a las 18:56

    Felicidades por todos los post, pero especialmente por este. Maravillosa tanta lucidez

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