Nuestra bola de nieve

Susan Kaiser Greenland comienza su libro El niño atento con una anécdota personal relacionada con una bola de nieve:

“Su hijo, junto con un amigo, entran llorando en la cocina. Ella les pregunta qué ha pasado, pero ellos no pueden contestar porque están llorando.
Ella coge una bola de nieve, la agita, se coloca las manos en la tripa y observa cómo la nieve se va posando. Los niños la imitan. Repite esto durante tres veces, hasta que observa que los niños están tranquilos. Entonces ya pueden hablar”.

No sé para qué se crearon las bolas de nieve, pero sin duda esconden una gran metáfora de lo que somos nosotros, y además son un recurso para calmarnos.

Por un lado, cuando nos atrapan las emociones, especialmente la ira, el miedo, la tristeza, somos como un jinete que cabalga en un caballo desbocado. Es como si estuviéramos en la bola de nieve agitada, sin poder ver nada. Además, al igual que ocurre con la bola de nieve, cuanto más nos movamos, menos veremos.

El secreto es simple y difícil a la vez:

hada bola de nievePararnos.
Quedarnos quietos.
Esperar.
Esperar a que la nieve se pose.
Esperar a que nuestras emociones se posen,
se queden abajo, y aparezca la figura,
aparezca la claridad.

Entonces podemos responder,
porque ya hemos visto el camino.

El ejemplo de más arriba es una opción: cuando un niño tiene una rabieta, cuando están discutiendo los hermanos, cuando hay un lío entre niños que no son capaces de aclarar, mirar a una bola de nieve es un recurso que sin duda tiene efecto.

Pero lo mismo puede ser con una botella de purpurina, o con un reloj de arena, por ejemplo.

En cuanto a los adultos, cuántas veces nos quedamos absortos mirando una vela, una hoguera o el fuego de una chimenea. Cuando hacemos esto, nuestra mente se tranquiliza, nuestra nieve se va posando y nuestras ideas aparecen claras.

Meditar es en cierto modo dejar que termine la nevada, esperar a que se despeje la niebla, para ver lo que se esconde detrás.

Pero mirar la bola o pararse a respirar no es lo difícil. Lo difícil es darnos cuenta de cuándo necesitamos esa bola. Darnos cuenta de cuándo necesitamos mirar esa vela, o dar un paseo, o simplemente esperar. Ese es el arte. Estar atentos y darnos cuenta de que estamos en un caballo desbocado, darnos cuenta de que estamos atrapados por nuestras emociones.

Cuando nos damos cuenta, podemos decidir parar y mirar esa bola de nieve.

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6 Comentarios

  1. Cruz el 9 octubre, 2016 a las 09:34

    Buenos días, acabo de descubrir el blog y me encanta! Esta semana me descontrole, las prisas, los niños, sabia lo q me estaba pasando pero no podía frenarlo, hacia mucho q no me dejaba ir tanto, q sentimiento de culpa después. Gracias por el consejo de la bola de nieve para próximas veces! Un saludo!

    • Un Bosque Tranquilo el 10 octubre, 2016 a las 16:16

      Gracias a ti Cruz. Nos alegra muchísimo el que hayas encontrado una respuesta en esta bola de nieve. ¡Un abrazo!

  2. Anónimo el 11 marzo, 2018 a las 12:29

    Es bellisimo y asi es tal cual.Hermoso mensaje. Gracias!!

  3. Gabriela Beitia el 9 mayo, 2018 a las 18:23

    Que lindo e Inspirador ! Gracias

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