Quiero quedarme en la cama

Algunos días quiero quedarme en la cama. No deseo hacer nada más que estar en la cama. Sólo me levanto porque tengo responsabilidades externas. Pero si no tuviera nada que hacer con otros, si no tuviera responsabilidades de trabajo o familiares, si mi única responsabilidad fuera yo, me quedaría en la cama.

Y ¿por qué ese maltrato? ¿por qué esa traición a uno mismo?

Falta una motivación. A veces me falta una motivación, o mejor dicho, creo que me falta una motivación. Digo “creo que me falta”, aunque en realidad la tengo delante. Resulta que tengo un objetivo claro, un deseo profundo e importante para mi, que me preocupa no alcanzar, y es justo de lo que no me ocupo.

Por alguna razón, nos saboteamos. La mente nos sabotea. Y justo eso que debemos hacer para sentirnos bien, no lo hacemos. Y como no lo hacemos, nos sentimos peor. Y comienza ahí un círculo vicioso de victimismo y de autodestrucción muy peligroso.

Mi mayor preocupación en este momento es mi pierna, que a lo largo de los próximos 12 meses esté lo mejor posible. No depende todo de mi, pero yo puedo hacer mucho. He hecho y deseo hacer todo lo posible por recuperar su fuerza y su movilidad, y ahí, en ese punto, tengo mucho que trabajar. Sé que sólo me sentiré bien si cada día le dedico el tiempo que necesita. Pero a veces no me levanto, no lo hago, y caigo en el victimismo.

A mi me pasa con mi pierna. Pero a otras personas les ocurre con otros aspectos. Hace poco hablaba con una chica a la que le ocurría lo mismo en su deseo de encontrar trabajo. Estaba haciendo un curso que le podría abrir las puertas de un mundo laboral nuevo y diferente en el que cree. Pero no se dedicaba a él, no lo llevaba al día. Y eso hacía que cada día se desanimara más.

Por tiempo que llevemos meditando, por tiempo que llevemos con terapias diversas y trabajo personal, reaparecen estas sombras, reaparecen estos acontecimientos.

Siento que tiene que ver, al menos en mi caso, con el miedo al fracaso. ¿Qué pasa si le dedicas muchas energías a algo, y no consigues el objetivo? Mi mente me dice a veces: –Habrás fracasado-. Por eso mejor no lo intento y así no fracaso. Otras veces me dice: –No fracasas si lo haces. Poner todo de tu parte en un proyecto importante es la clave. El resultado no depende tanto de ti-.

Y así es. Desapegarnos del resultado. Hacer las cosas como si no nos importara el resultado. Porque el resultado no siempre depende de nosotros. De hecho, casi nunca lo controlamos. Yo puedo prepararme un examen pero hay multitud de variables que no controlo: las preguntas que me caerán, el modo de evaluar, mi salud o estado de ánimo ese día, el tráfico… Podemos hacer lo posible por que las cosas salgan bien, pero no podemos controlar que esto se de así.

Por eso, en esos momentos bajos de desánimo, me gusta recordarme la frase: “Lleva a tu cuerpo donde tu mente no quiera ir”. Aunque te vayas quejando, pero ve.

Haz lo que sabes que te irá bien, haz lo que en el fondo deseas. Desapégate del resultado y observa a tu mente como mente saboteadora en ese momento.

Y aunque quieras quedarte en la cama… levántate y cuídate. Ámate. Tú eres mucho más que esos pensamientos. No te fíes de ellos. Lucha por ti.

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1 Comentario

  1. […] primer lugar realmente funciona para mí, porque me levanto de la cama sabiendo que al final de la sesión de ejercicios ¡sentiré esa misma increíble sensación de […]

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