Y entonces recuerdas qué te apasiona

Dicen que para educar se necesita tener vocación, y tener vocación es sentir en el interior de uno cierta llamada para hacer algo o para dedicar tu vida a algo.

Nunca me he considerado educadora por vocación. Aterricé en la facultad de Pedagogía como podía haber aterrizado en la de Empresariales o en la de Informática. Y sinceramente, no pocas veces me he arrepentido.

Dedicarse a la educación es a veces muy frustrante. A menudo me siento como los salmones cuando suben río arriba, solo que yo no llego arriba. La sensación de estar luchando por algo sin ver los frutos de tu trabajo, es muy frustrante. Te llenas de lecturas optimistas, de teorías que hablan de que es necesario un cambio en la educación, incluso pones de título en tu página web que “otra educación es posible”, pero de nuevo te das contra la pared. 

Muchas veces tengo la sensación de estar luchando por algo que nadie nos ha pedido, (supongo que eso nos pasa a muchos).

“¿Por qué no habré estudiado secretariado internacional como me decía mi madre?”, –tantas veces me he hecho esa pregunta-, pero la vida no me guardaba ese camino.

La gente te agradece, te dice que “qué fantástica labor la que hacéis”, pero resulta que después el educador no tiene ni el reconocimiento social ni el económico que se merece.

Cuando comencé a formarme en Educación Transpersonal y después como Coach en Educación Transpersonal (en la EDT), me estaba formando para “educar desde el Ser”, para “educar desde lo que somos”. Aprendí y comprendí un nuevo modelo de educar, y por supuesto un nuevo modo de vivir, porque no se puede trasladar lo que uno no vive. Aún así, las cosas no siempre salen como uno se imagina. Los talleres no salen, los colegios no tienen presupuesto. Parece que todo el mundo quiere que a sus hijos se les eduque para la vida, pero no siempre se desea pagar por ello. Y de nuevo aparece la frustración. Y de nuevo el agotamiento. Y de nuevo las ganas de tirarlo todo por la borda, de salir corriendo o de dedicarse a cualquier cosa que no tenga que ver con personas.

Como siempre ocurre, cuando más desesperado estás, cuando estás a punto de apagar el ordenador y deseas dormir para siempre, una compañera te cuenta que durante una de las sesiones de Mindfulness que estamos haciendo en varios colegios de Madrid, una de las maestras se emociona, lo que le hace emocionarse también a ella, y te dice -“es que cuando educamos desde el SER, ocurre esto”-. Y es entonces cuando eso te RECUERDA por qué estás hablando con ella, por qué tú también estás realizando talleres de Mindfulness en colegios.

Te lo RECUERDA. Recordar, etimológicamente, significa volver a pasar por el corazón (-re en latín es “de nuevo” y –cordis es “corazón”). También en algunos lugares aún se utiliza como “despertar, salir del sueño”, es decir, vuelve a llegar a tu corazón esa llamada, ese anhelo por conectar desde el corazón con los demás. RECUERDAS, te despiertas y te levantas sintiendo tu corazón. Y entonces entras en el aula caminando desde el corazón. Y no ves a esos 25 niños de 5 años a los que temes (sí, 25 niños de 5 años pueden dar mucho miedo), sino que sientes 25 corazones. Y también sientes a una educadora donde antes veías a una maestra enfadada. Y ya no escuchas a tu mente diciéndote “te va a salir mal”, sólo sientes, sólo eres. Y de pronto, todo fluye y, curiosamente, sientes cada instante, cada momento, cada presente. Y sientes que todo es perfecto y aceptas esa perfección.

Y luego vas al aula de niños de 9 años y tu corazón escucha el corazón de un niño que se levanta y tiene el valor de decir que a él no le gusta que sus compañeros le insulten y dice “necesitaría, por favor, que no me insultéis”. Y no se te parte el corazón, se te ensancha, te emocionas y te sientes la persona más afortunada del mundo, porque a pesar de haber madrugado, a pesar de estar viviendo con mucho dolor físico cada día, ha merecido la pena. Y entonces… RECUERDAS que te apasiona. Despiertas del sueño y te das cuenta de que estás donde deseas estar, al menos en ese momento, y vuelves a conectar con tu corazón y recuerdas que educas desde el SER.

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4 Comentarios

  1. Anónimo el 16 noviembre, 2016 a las 16:38

    Precioso.
    Felicidades

  2. Eduardo Coba (último Director del CIDE) el 16 noviembre, 2016 a las 18:10

    Es el nuevo reto de la educación….poner en el centro al estudiante como persona y personalizar su proceso de autoaprendizaje….clave para su aprendizaje a lo largo de su vida.

    • Un Bosque Tranquilo el 16 noviembre, 2016 a las 18:18

      Muchas gracias Eduardo. Es un honor para nosotras que nos lean personas con tanta experiencia en política educativa como tú. Lástima que el tren de la nueva educación tarde a veces un poco en arrancar. Pero con confianza, ilusión y perseverancia todo llegará. Un abrazo!

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