¡Suéltalo! ¡Déjalo ir!

¡Qué difícil es a veces soltar! ¡cuánto nos apegamos a todo!

El apego a veces es como una gran piedra que lleváramos arrastras, que nos impide volar y crecer.

Nos apegamos a las relaciones, a los pensamientos, a las emociones, a los trabajos, a las cosas, a los lugares, a los recuerdos. La práctica de Mindfulness nos ayuda a soltar, a dejar ir, a cortar esas cuerdas que nos mantienen atados a esas grandes rocas. De hecho, el dejar ir, el soltar, el aligerar la carga, es una de las 7 actitudes Mindfulness recogidas por Jon Kabat-Zinn.

El apego del que estamos hablando es el enganche que nos limita. Nos enganchamos a cosas, a relaciones, a situaciones que en un momento nos sirvieron, nos ayudaron a crecer, pero que ahora se han quedado obsoletas y que nos limitan o incluso nos esclavizan. Incluso nos apegamos a relaciones tóxicas y situaciones que no nos gustan, que nos hacen sufrir, pero no logramos salir de ellas. Y por supuesto, nos apegamos a emociones, a miedos, a tristezas, a rencores, odios, enfados…

suéltalo

¿Cómo podemos enseñar a los niños a soltar?

“Me peino, te peino”

Podemos dar a cada niño un peine, para que se peine así mismo, o incluso que peine a su compañero. Cuando nos pasamos el peine por nuestro pelo, podemos observar que hay algunos cabello que se quedan en el peine, que nos dejan. No sentimos apego por ello. Esos cabellos que se caen, eran demasiado débiles para mantenerse, y seguramente ya llevaban el tiempo suficiente con nosotros. Del mismo modo que no nos sentimos apegados a ellos y los dejamos ir, podemos dejar ir nuestros miedos y enfados. Cuando permitimos que el miedo y la ira nos domine, nos debilitamos como esos cabellos y nos cuesta más crecer y progresar.

 

“El tambor”

Tomamos unos cuantos tambores, o cualquier otro instrumento de percusión. Se compone un ritmo sencillo, de 3 ó 4 toques. Se pide a los chicos que piensen en una emoción negativa que posean. Cuando ya la tienen, se les explica que los tambores representan esa emoción que poseen. Se toca el ritmo tres o cuatro veces. Del mismo modo que el sonido del tambor se funde con el silencio y desaparece, así desaparecen nuestras emociones negativas. Se puede a continuación expresar emociones positivas que puedan reemplazar a las negativas.

 

“Mueve la cadera”

Se pone algo de música suave y colocados en círculo se les explica el ejercicio. En silencio y a la vez, se echará el pie derecho hacia atrás y se sacude la cadera en esa dirección. Se repite 3 veces. Luego se hará lo mismo con la derecha. A continuación se da un paso hacia delante y nos estiramos. Se explica a los niños que cuando damos un paso atrás y agitamos la cadera, estamos dejando atrás los problemas, que no nos seguirán cuando avancemos hacia delante.

 

“Regalando un juguete o un libro”

Este ejercicio consiste en elegir un libro o un juguete o muñeco nuestro y dárselo a otro niño, ya sea conocido o no. El ejercicio puede llevar tiempo, varios días incluso si el niño se muestra dubitativo o triste. Cuando esté preparado, le animamos a que lo entregue y le acompañamos mientras se da cuenta de que, al fin y al cabo, todo seguirá bien.

 

“Los globos”

Podemos darles a los niños una hoja como la que compartimos en nuestra sección de “regalitos” en la que los niños escribirán algo que les preocupa y desean soltar: miedo a suspender, dependencia de un amigo del cole que le trata mal, enfado con mamá o papá… Si son pequeños, pueden dibujarlo, en lugar de escribirlo. Después, se cierran los ojos y se lleva a los niños a una pequeña visualización en la que imaginen que sueltan esos globos con esos problemas y observan cómo se pierden en el espacio. Otra opción es hacer el ejercicio con globos de helio en los que escriban o pintes sus problemas y observen mientras se pierden en el cielo.

Puedes descargarte la ficha también aquí.

 

¡SUELTA!

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1 Comentario

  1. Patricia Gómez el 1 diciembre, 2017 a las 03:13

    Muy educativo Me encantan los ejercicios que se hacen para soltar las emociones.

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